miércoles, 7 de febrero de 2024

EL ABRAZO


Inspirado en esta imagen de R. Magritte, Los amantes de 1928, este relato corto que espero que os guste.

Me llamo Prudencio Porrino y creo que por eso nunca he tenido suerte con las mujeres. De pequeño, en la escuela, se reían de mí por mi estatura o por mi pelo rojo o por lo gordo que estaba o por lo mal que hablaba o por… De mayor, cuando ya había crecido, me había teñido el pelo, adelgazado y pasado horas con el logopeda, aunque lo del nombre no tuvo solución, las mujeres seguían riéndose de mí. No como antes, en mi cara, sino de forma más dolorosa y sibilina, ridiculizándome ante las demás, dándome falsas esperanzas. Ya estaba convencido de que no era una cuestión de suerte. Había algo en mí que las repelía y a su vez ellas, tras tantas decepciones, empezaban a resultarme indiferentes y odiosas.
Pero en ese momento la conocí. Trabajaba en una tienda de ropa de mujer de mi barrio. Todas las tardes la veía tras el escaparate, risueña, preciosa, elegante. Era el centro de atención de todas las clientas, que la miraban con envidia. Ella les respondía con su sonrisa distante y algo fría. Pero eso era para ellas, a mí me reservaba, a través del cristal, el más luminoso de sus mohines, ente pícaro y coqueto. Tras tantos desengaños había encontrado por fin el amor. Todas las tardes la veía y no encontraba el valor de abordarla. Todas las noches la soñaba, con unos sueños ora húmedos ora platónicos. Todo el tiempo me debatía angustiado entre el deseo y la impotencia.
Por fin, una tarde acopié el valor necesario y entré en la tienda decidido a todo. Ella estaba en una esquina, sola, me acerqué, le hablé con palabras suaves y ella no me contestó, pero me miraba fijamente. Me envalentoné y le hablé de mi amor, de que quería estar con ella el resto de mi vida, como los pingüinos magallánicos, y seríamos los seres más felices de la naturaleza. Ella seguía callada, como ausente, y en ese momento percibí una sonrisa burlona en sus labios. A mi mente volvieron de golpe todas las risotadas y desprecios de mis compañeras, todas las humillaciones. Algo se rebeló en mi interior, dejé de ser yo y una furia incontenible me poseyó. La sangre se me subió a la cabeza y me abalancé sobre ella con una mezcla de deseo de abrazarla y de ansia de venganza. Justo un instante antes de abordarla una clienta extendió por accidente una delicada pieza de tul blanco delante de mí. Sin tiempo ya para quitármela le pedí explicaciones a gritos a mi amada y tras zarandearla violentamente rodamos por el suelo ya envueltos ambos en el tejido como una crisálida que jamás llegaría a mariposa. En ese momento varias personas me sujetaron. Después, dos policías me esposaron, me llevaron a la Comisaría y allí me tomaron los datos y la declaración.
Ya de vuelta en casa, saqué de mi bolsillo el trofeo de mi aventura, un dedo de mi amada que le había arrancado en el fragor de la contienda. Allí estaba, seductor como su dueña. Lo miré con arrobo y lo coloqué en un tarro de cristal transparente, en formol, donde flotaría el resto de la eternidad, fiel a mí y yo a él, como los pingüinos magallánicos. Por fin conviviría con una mujer o al menos con su índice. La felicidad, para los Porrinos como yo, nunca es completa.
A los pocos días llegó a casa un papel del Juzgado. Intrigado, acerté a leer algo así como …los hechos que tuvieron lugar, …en estado de gran alteración, …causando destrozos en el mobiliario, …la destrucción parcial de un maniquí, … condenado a pagar... No recordaba nada de aquello, debía ser un error.

FOTOS, FOTOS...

martes, 30 de enero de 2024

PUBLICIDAD SEXISTA DE LOS AÑOS 60 A 90 (Y MÁS ACÁ)

Anuncios publicitarios sexistas de los años 60 a 90 (y más).

Nada que ver ni en formatos, ni soportes, ni tratamiento de la mujer.
Pura arqueología publicitaria, afortunadamente.




domingo, 28 de enero de 2024

BILLETE DE IDA



Cuando montó en la clase turista de aquel viejo tren en Villarrobledo no sabía muy bien qué le movía a hacerlo. ¿Ajustar cuentas con el pasado? ¿sacarse una espina del alma? ¿volverla a ver? ¿vengarse de ella… o de sí mismo? 

Se acomodó en el vagón, que estaba casi como entonces, hacía justo veinte años, y la esperó. Estaba seguro que volvería y que podría explicarle tantas cosas. Con el rítmico traqueteo de fondo revivió aquella noche. Entonces estaban juntos y eran felices. Había discusiones sí, pero luego volvía la paz. Ella estaba preciosa con aquellas grandes gafas oscuras que llevaba siempre y con el pañuelo de seda que le rodeaba el cuello. Llevaban tres años juntos, que habían sido los mejores de su vida, y aquella noche ella lo abandonó. Él la quería con locura, sobre todo cuando tras una pelotera entraba en razón y volvía a ser la de siempre. 

Se abrió la puerta del compartimento y le dio un vuelco el corazón al verla. Pero no era ella. Quería explicarle la soledad, el desamor y la culpa que lo habían atormentado todos esos años. Decirle lo mucho que la quería y que quería volver y que la perdonaba y que volverían a ser felices. Esperaba que ella le escucharía y que no tendría que gritarle como aquella noche. Estaba otra vez solo en el vagón y se acercaba la hora en que ella se había ido, veinte años atrás. El tren se deslizaba cansino por el secarral manchego cuando la vio pasar fugaz por el pasillo. Ahora sí era ella. Salió corriendo y la llamó ¡Marta, Marta! Como aquella noche, ella parecía asustada y él no sabía por qué. ¡Marta, espera! Cuando la sujetó por el brazo, como aquella noche, notó espantado que se diluía entre sus dedos como el humo. Aun así, percibió el pánico en su mirada, como aquella noche y él no sabía por qué. ¡Marta, escucha! Volvió a cogerla con más fuerza y otra vez se le disipó entre las manos. Ella huía despavorida y se dirigía a una de las puertas de salida del tren, como aquella noche. Lo iba a abandonar otra vez y entonces él lo entendió todo. ¡Marta, para, por Dios! Había estado reviviendo esa escena los últimos veinte años, en todas las noches de insomnio, en las de borrachera, en las de penitencia. 

Cuando Marta se lanzó por la puerta y se disolvió en la noche como un jirón de niebla, él decidió que no quería estar otros veinte años solo, corroído por la culpa y el remordimiento y se abalanzó tras ella.

martes, 16 de enero de 2024

FIN DE LOS ENIGMAS MAQUINOS

Hola a todos y todas:
Ante la nula respuesta a los Enigmas maquinos que propuse hace unas semanas doy por finiquitada esta propuesta.
Está claro que no ha enganchado a nadie y por tanto merecen la muerte que les estoy dando con este post. Sería soberbia vana intentar mantenerlo contra viento y marea.
Ante esta cura de humildad, yo revisaré mis creencias sobre los gustos de mis lectores y seguiré intentado conectar con vosotros y vosotras.
De todas formas, recibid un fuerte abrazo.
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